En Atlanta fue medalla de bronce y en el 97 se proclamó campeona del mundo de judo en París; desde
estonces ha ganado todos los títulos posibles. En los Juegos Olímpicos de Sydney aspira a la medalla de oro, un galardón
que puede conseguir gracias a su temperamento, sacrificio, ímpetu y estrategia. Isabel Fernández, la judoca española más
completa y laureada, lo tiene todo para triunfar. El 18 de septiembre es la cita, y espera no fallar.
“Voy a por el oro y no me conformo con menos. En los dos últimos
campeonatos del mundo he demostrado que puedo subir a lo más alto del podio. Quiero ser campeona olímpica y no pararé hasta
conseguirlo”. Isabel Fernández Gutiérrez es la gran baza del judo femenino español en estos Juegos Olímpicos de Sydney.
La judoca alicantina ya proporcionó una alegría a nuestro deporte en Atlanta 96 al ser medalla de bronce en la categoría
de menos de 56 kilos. Ahora se siente segura y espera no fallar en la capital australiana. A sus 28 años, experiencia y
madurez le sobran. La condición de favorita se la ha ganado con creces en estos cuatro últimos años: campeona del mundo en
París 97, subcampeona en Birminghan 99 y campeona de Europa de forma consecutiva en Oviedo 98 y Bratislava 99.
Isabel
ha trabajado duro y, como está acostumbrada a conseguir todo lo que se propone, espera tener en sus manos la medalla
olímpica: “Soy una mujer fuerte y me cuesta mucho exteriorizar lo que siento, pero como gane el oro, en el podio
lloraré como una Magdalena”. Cuenta la judoca alicantina que todavía no puede explicar las sensaciones que sintió al
recibir la medalla de bronce en los últimos Juegos de Atlanta: “Estás eufórica, como en una nube. Sólo por ese momento
merece la pena trabajar como una burra durante cuatro años”. Desde ese día, Isabel –que practica el judo desde
los siete años–, se juramentó con su entrenador Javier González –que desde 1997 también es su marido–, para ser la
mejor. Meses más tarde, el 9 de octubre de 1997, la alicantina cumplía su propósito al proclamarse campeona del
mundo.
Para estar en forma Isabel se machaca cada día en su gimnasio en sesiones de mañana y tarde. Siempre la misma
rutina porque ella es, sobre todo, muy constante. Tras levantarse a las ocho y media y desayunar, su entrenamiento
matinal dura algo más de tres horas: pesas, carrera continua y, por supuesto, judo. Por la tarde, Isabel sube la cuerda
durante dos horas para trabajar el antebrazo y tener más fuerza de agarre. Por último, además de analizar los vídeos de
sus últimos combates, durante media hora perfecciona su técnica individual enfrentándose a algún
compañero.
Dice Javier González que su mujer es una
deportista ordenada, sacrificada y muy humilde, y que además
de escuchar –cosa que no hacen otras campeonas–, sabe
obedecer: “Cuanto más la putean, en vez de venirse abajo,
supera la adversidad y con más fuerzas busca la victoria.
Siempre piensa en positivo”. Esta opinión también la
comparte Vicente Cepeda, responsable del equipo femenino de
judo desde 1974, que valora de Isabel, además de su carácter y
temperamento, que jamás dé un combate por perdido. Por eso,
por no venirse abajo en Atlanta, en los treinta últimos
segundos del combate acabó ganando a la británica Nicole
Fairbrother y logró el bronce en su primera participación
olímpica.
Táctica de
anticipación
A Isabel le encanta llevar siempre la
iniciativa –mantiene la teoría de que para ganar no hay que
ser nada conservadora– y es una judoca muy agresiva sobre el
tatami. La táctica que emplea es de anticipación y con sus
constantes cambios de ritmo agobia, cansa y asfixia a todas
sus adversarias: “Si agarras primero al rival, es muy
difícil que tu espalda choque con el tatami. El que da primero
casi siempre gana”.
No obstante, en este año
olímpico los resultados no han acompañado a la actual
subcampeona del mundo. Tanto en el Europeo absoluto de
Polonia, como en el Villa de París –el más prestigioso del
mundo–, Isabel perdió sus combates por decisión de los
árbitros. Y es que sus rivales prefieren bloquearla y dejar
pasar el tiempo en busca “de una decisión” (combate
nulo) con el consiguiente resultado subjetivo de los jueces:
“Acostumbrada a ganar –apunta Isabel–, te jode
perder porque tu rival, como sabe que no te puede tumbar, no
quiere pelear”.
Lo que también parece injusto es
que un judoca se juegue cuatro años de intenso trabajo en sólo
un día de competición. Si quiere lograr la medalla de oro en
la capital australiana, Isabel deberá ganar el lunes 18 de
septiembre, en seis horas, cinco combates. Es más, si tiene la
desgracia de perder el primero, aunque gane en la repesca los
otros cuatro, sólo podrá optar a la medalla de bronce:
“¿Injusto? –comenta Isabel–: nuestro deporte está
montado así. Por eso no te puedes relajar”.
Para
lograr esa deseada medalla, la judoca alicantina deberá ganar
a la actual campeona olímpica y del mundo, la cubana Driulie
González. Dice Isabel que esta judoca, la mejor de la década,
es tan explosiva que para vencerla debe preparar muy bien su
táctica: “Es tan rápida, tan extraordinaria, que cuando te
hace una técnica, casi ni la ves”.
Análisis de las rivales
Además
de ir bien preparada, la judoca española llegará a Sydney
sabiéndolo todo de sus rivales. Para ello se pasa horas
delante del vídeo analizando y anotando “en la libreta de
Javi” las virtudes y defectos de sus potenciales
contrincantes. De esta forma Isabel sabe antes de comenzar
cada combate si la cubana intentará agarrarla por la
izquierda, los movimientos de la belga, si es conveniente
desplazarse a un lado determinado para noquear a la francesa o
si lo que le interesa es utilizar ésta o aquella táctica.
“Lo tenemos todo controlado –apunta Javier–
preparación física, táctica, qué objetivos vamos a mejorar o
de qué forma vamos a salir al tatami. El trabajo está hecho,
sólo falta tener un buen día el 18 de septiembre”. Isabel
dice que no es supersticiosa pero cuando alguien menciona la
palabra lesión se levanta y no para hasta encontrar algo de
madera para tocarlo.
Como en el judo están permitidos
los gestos, Javier dirige desde la grada todos los combates de
su mujer. En cuatro minutos, Isabel tiene tiempo de mirarlo
hasta quince veces: “Con sus indicaciones a través de
cuatro o cinco gestos –subraya la judoca alicantina–,
me siento segura y puedo conseguir más fácilmente la
victoria. Javier es un gran entrenador y lee muy rápido todo
lo que pasa en el tatami”. Tanto su entrenador como
Vicente Cepeda y Sacramento Moyano (curiosamente también
matrimonio, además de ser los máximos responsables del equipo
femenino) confían en que Isabel gane la medalla de oro en
Sydney: “Así me convertiría en la primera española que gana
medalla en dos Juegos Olímpicos”, asegura ilusionada la
judoca alicantina.